viernes 11 de mayo de 2007

El Beso.

El momento tantas veces soñado porfin se haría realidad.

Las luces del lejano puerto reflejadas en el silente mar, la luna llena semivelada por discretas nubes que la trataban de vestir en divina seda, el canto monótono de los grillos acompañándolos en esa pálida noche, todo parecía dispuesto por el caprichoso azar para que ese momento fuese lo mas cercano a la escena soñada durante tanto tiempo.

Cuando su mano entrelazada con la mía jugaba como viviendo un cortejo por si sola surgió la señal invisible que solo sienten quienes de verdad han escuchado el llamado del amor e inmediatamente después que mi susurro rompiera la monotonía de la noche con dos simples palabras por primera vez pronunciadas, nuestros rostros comenzaron lentamente a acercarse, nuestras miradas se cruzaron una última vez antes de que los livianos párpados se cerraran con parsimonia apagando el mundo para que los demás sentidos pudiesen notar cada detalle del breve instante que pronto viviríamos.

Entonces, cuando ya podía sentir la tibieza de su tersa piel acariciando sublime mi rostro e imaginaba el contacto maravilloso de nuestros labios que desataría un torbellino de emociones jamás vivido, fue que el mundo se detuvo: no mas sonidos salvo el de su respiración levemente agitada, no mas sensaciones mas que su tersa piel y su tenue calor en mi manos y mi rostro, no mas imágenes que su rostro grabado a fuego en mis ojos cerrados. Cuando el beso ya estaba a solo un segundo, cuando el momento en que por fin me sabría amado, único, necesitado era inminente fue entonces que el maldito reloj despertador destrozó, una vez más, el momento tantas veces soñado.